lunes, 19 de noviembre de 2007

Negro

Rosario tiene buen fútbol y buenas minas que mas puede pedir un intelectual. Esa frase prestada resume este post.
De las minas que les puedo contar, es de dominio popular que las mejores minas del mundo están en Rosario, todas y cada una de las minas que te cruzas en la peatonal tiene algo que la destaca de las demás, y muchas veces uno se queda embobado mirando pasar una y se da cuenta que por atrás esta pasando otra aun mejor y otra, y otra, hasta que finalmente te chocas con una columna de la luz.
Y si Rosario tiene buenas minas… pero también tiene buen Fútbol tiene dos grandes equipos en primera, y tiene muchos otros grandes equipos, que por esas odiosas circunstancias de las tablas de posiciones no están en primera, pero no es precisamente de los equipos que habla la frase, esta habla de otra cosa mas grande, mas importante, habla del folklore del fútbol. Rosario tiene un folklore futbolero muy rico, para que se entienda para un canalla no hay nada peor en la vida que perder un clásico y para un leproso no hay nada… bueno se sobre entiende.
Partiendo de ahí piensen en el día después a un clásico, gane quien gane la ciudad queda empapelada con gastadas al otro club; las paredes están llenas de grafittis de un parlante tachado, o un pingüino, o un “con 9 en tu cara y en tu cancha”. Además de esto el rosarino parece ser memorioso y le gusta festejar fechas patrias (patrias para ellos) así existen “el día del pecho frió”, “el día de la paloma”, o “el día del abandono”, y se festejan con religiosa exactitud, y rituales propios de cada día, y no por casualidad nació en Rosario la iglesia maradoniana “La mano de dios”.
Por estas cosas, no me extraña que halla habido alguien que le escribiera a Rosario y al fútbol, pero a ese fútbol chico, de potreros, de estrellas mediocres, de clubes de barrio, de partidos bíblicos y de hinchas que dejan la vida en la tribuna.

De tanto leer tus cuentos me volví parte de Rosario, de tanto leer tus cuentos aprendí a ver con otros ojos el monumento, el parque independencia, el gigante y los bares… leyendo tus cuentos entendí que hay mucha historia en cada rincón de Rosario, leyendo tus cuentos aprendí a querer a Rosario y a su fútbol, a las minas ya las quería de antes. De tanto leer tus cuentos a veces se me confunden la realidad con la ficción, por todo esto no estoy seguro si fue un cuento tuyo o alguien arranco la butaca del gigante que te acompaño en los mejores momentos de tu vida… y en los peores, y la llevo a la sala velatoria para que ella también se despida.
Hoy hace cuatro meses que no estas y todavía no entiendo porque. Chau negro, salúdame al viejo Cásales

1 comentario:

Sauria dijo...

un ídolo el negro, sin dudas!!

(es un problema el tema de las minas lindas y los tipos fanas de futbol... los rosarinos no dudan en elegir el canal deportivo, a las minas no nos queda más remedio que mirarnos en el espejo y seguir haciendo los retoques necesarios para... ¡ser invisibles ante una pelota de futbol)

triste pero es asi...
besos